Políticos, antipolíticos y apolíticos– La idea de que puede existir algo como la anti política tiene pocos adeptos en el panorama del pensamiento actual. Se trata, en apariencia, de una brutal paradoja dado el florecimiento actual de sectores de derecha e izquierda que cuestionan directa o indirectamente la política y la democracia en gran parte del mundo. Estamos lejos de la era posmoderna en donde la preocupación general era la apatía y la indiferencia hacia las cuestiones de gobierno, emociones y actitudes generalmente asociadas a lo apolítico. Hoy vivimos una inflación de los pronunciamientos y la gente tiende a tomar partido de muy diversas maneras, incluso en contra de los partidos. No obstante, si se analiza con cuidado, la ausencia de reflexión sobre la antipolitica, no resulta tan sorprendente ni extraña. En todo caso, parece la contracara lógica de la ausencia de reflexión seria sobre la política que asola a nuestro discurso político y académico.
Buscando la mejor versión de aquella ausencia, uno podría explicarla por el aparente dualismo en el que se inserta, presuntamente, no muy proclive a incorporar grises y grados. Una mirada apresurada podría concluir que la antipolítica es algo así como la némesis de la política y si bien algo de eso hay en la idea, el concepto está lejos de promover ese tipo de divisionismo rígido. En realidad, se trata de una tríada que incluye el concepto de apolítica, categoría que reconoce un espacio de pensamiento e inacción, si bien no desprovisto de implicancias y complicidades políticas inevitables, no asimilable directamente a una descalificación total de la política. Por otra parte, si se quiere, el de política/antipolítica es uno de los ejes reflexivos menos maniqueos y más complejos. Y me animo a pensar que esa es, en gran medida, la razón de su poca y nula prensa. Políticamente hablando, calificar de antipolítico a un movimiento o discurso no implica hablar de un atributo inmutable ni supone una excusa para dejar de prestarle atención al fenómeno o quitarle relevancia y gravedad. Los sectores que podemos llamar antipolíticos en política pueden evolucionar rebajando sus apuestas antipolíticas o profundizándolas y aquellos que parecen hiperintegrados no están libres de rodar por pendientes antipoliticas, como es el caso de aquellos conservadores, liberales y socialistas que apelan a soluciones tecnocráticas para los problemas políticos o ven en la educación la solución a todos nuestros dilemas. El mismo criterio evolutivo se aplica a aquellos grupos o movimientos que podrían catalogarse de apolíticos pero hacen constante referencia a las cuestiones de gobierno. Bernard Crick, uno de los pensadores más originales de la política, incluía dentro de las posturas ajenas a la política, algunas de ellas directamente antipolíticas, no solo a sus exponentes más obvios –las ideologías totalitarias de izquierda y derecha- sino también a ciertas modalidades del pensamiento, como decíamos antes, insertas en apuestas integradas o relativamente integradas. Para él, existe el conservador no político y el conservador político, el liberal apolítico y el liberal político, el socialista antipolítico y el socialista político1. Por su parte, el verbo de la llamada antipolítca según Crick, puede incluir versiones que podríamos llamar light perfectamente conjugables por cualquier hijo de vecino2.
A su vez, la política en sí misma, en su mejor versión y combinando los principios de libertad e igualdad, tampoco es una empresa rígida, siempre debe estar revisando sus bases, ampliando sus modos de inclusión y redibujando sus fronteras. En palabras de Crick, la política supone casi siempre un ejercicio constante, dinámico de la conciliación y la aceptación del pluralismo. Y si, como hoy, a diferencia de las últimas décadas del siglo pasado, la realidad nos demanda concentrarnos más en el binomio política/antipolítica, el mismo se muestra preferible a otros binomios inflexibles que asolan el presente como el de sistema/antisistema o el de lo políticamente correcto/incorrecto, ambos blindados a la discusión y capaces de encarnar desde demostraciones públicas violentas hasta propuestas para invertir la carga de la prueba pasando por virtuales y reales cazas de brujas y escraches variados.
Outsiders insiders– El Uruguay tiene una vasta y rica experiencia en el trato político con sectores de ribetes antipolíticos y directamente antipolíticos, aunque con resultados diversos. Entre los fracasos notorios podemos señalar el caso de Juan María Bordaberry, el último presidente constitucional previo a la última dictadura. Con antecedentes partidarios ambiguos, sus convicciones fascistas fueron más fuertes que sus frágiles lealtades democráticas, al punto que no solo aceptó ponerse al frente de un gobierno dictatorial, sino que incluso y contra la opinión de los militares, vio en ello la oportunidad para desterrar definitivamente a los partidos de la política e instalar un gobierno con representantes de las corporaciones. Otro fracaso no atribuible al sistema político y que se perfilaba como todo un triunfo del pluralismo y la integración fue el del recordado Movimiento Plancha liderado por José Valdez, apodado “El Peluca”. Su líder terminó suicidándose y con su desaparición terminó, como suele suceder con las agrupaciones nuevas, la vida del movimiento. El Movimiento Plancha, que venía progresivamente haciendo su transición de movimiento social a sector político dentro del Partido Colorado, tuvo que renovar su discurso, especialmente, rectificar rápidamente las afirmaciones de su líder que, típico de los códigos mafiosos, justificaba el robo siempre y cuando no fuera en el propio barrio. Su momento de gloria, típico de las inesperadas aventuras democráticas, ocurrió nada menos que en Punta del Este, cuando logró por medios pacíficos, reunión mediante y con el respaldo de un dirigente del Partido Colorado, que el presidente de la Cámara de Turismo de la época se desdijera de sus declaraciones discriminatorias en torno a los llamados planchas3. La reunión, tristemente ignorada por nuestra academia, terminó con una histórica foto en el balneario del este donde ambos se dan la mano –y con ellos toda la ciudadanía-, gesto, símbolo y foto que hoy nos resulta muy difícil de imaginar como resolución de un conflicto4.
Al otro extremo de Bordaberry, nos encontramos con el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. En este caso parece demasiado hablar de fracaso absoluto aunque tampoco podemos hablar de un triunfo de la inclusión –lo que equivaldría, en última instancia, a una renovación genuina de la política- y no sabemos lo que hubiera pasado con el MLN de no llegar el Frente Amplio al gobierno. Podemos decir hoy que la presidencia de Mujica no supuso formalmente y a grandes rasgos un atentado a la continuidad democrática y no deja de ser elogiable que alguien que se levantó en armas contra una democracia con importantes problemas pero genuina, se transforme primero en diputado, luego en Senador y por último en Presidente. Dicho esto, Mujica, con su fama mundial de gurú new age, no llega a Mandela. A juzgar por actitudes, discursos y hechos, -desde el festejo anual por la toma de Pando, la ausencia total de autocrítica sustantiva de la etapa guerrillera a no ser en términos estratégicos, las declaraciones de Topolansky a favor de unas FFAA frenteamplistas5, las solidaridades con regímenes antidemocráticos como Venezuela o la cercanía con el Kirchnerismo- la impresión es que los ex tupamaros solo se han politizado formalmente en términos muy generales. Incluso en términos formales estrictos no se muestran nada afines a ciertas formalidades democráticas básicas como la accountability. Ejemplo de ello fueron las repetidas declaraciones del Ministro del Interior Bonomi, trasladando la responsabilidad de la inseguridad al contexto, a la justicia e, incluso, a los propios ciudadanos. En suma, sustantivamente, el pensamiento de los ex Tupamaros, hoy en el MPP, sigue teniendo fuertes aristas antipolíticas, algo que no sorprende en una política como la uruguaya en dónde las cuestiones sustantivas nunca fueron el punto fuerte.
En los últimos meses, algunas dimensiones de la antipolítica hicieron carne en Cabildo Abierto, el partido liderado por el ex general Manini. Hasta ahora se presenta bajo los ropajes de un movimiento corporativo militar con una prédica conservadora de tintes extremos aunque sin caer en la xenofobia, característica típica de la ultra derecha. El mejor momento de Manini fue luego de la elección parlamentaria cuando hizo un discurso moderado, al que en los días subsiguientes, le agregó cierto disciplinamiento –y hasta una expulsión- de miembros de su sector político que vulneraron límites mínimos del discurso tolerable en una democracia. No obstante, su siguiente paso fue cortarse solo y generar, el día previo a la veda electoral, un clima de fuerte incertidumbre con un video en jerga corporativa/militarista, agregando más dudas a las que ya había acerca de sus futuros pasos y de su confiabilidad como socio en la empresa del gobierno. Peor que el reclamo corporativo son las preocupantes palabras de cierre en las que Manini se inscribe en un “nosotros” que plantea serias dudas acerca de su voluntad de ingresar a la actividad política: “A ellos (el gobierno frenteamplista) los soldados les contestamos que ya los conocemos”6. En una nota de prensa reciente surge un testimonio de un ex militar que sostiene que el video en cuestión nunca fue pensado para el público sino solo para sus (ex) compañeros de armas, dado que fue difundido en una red de WhatsApp privada. Lo cual, en realidad no hace más que empeorar la situación, demostrando no solo una gran ingenuidad de Manini sino un manejo oculto de lealtades a dos puntas que un político como representante de un partido compuesto por ciudadanos no debería alimentar. Hay que decir también que la nota termina con el mismo ex militar afirmando que Manini intentó desde el principio evitar asociaciones directas entre los militares y CA y que en unos años nadie se acordará de los orígenes militares del nuevo partido, algo muy deseable por cierto, pero que al mismo tiempo parece por el momento y a juzgar por las palabras de su líder, poco realista y convincente, especialmente para el susodicho ex militar, quien antes en la nota reivindica el mensaje7. Sumado a ello, a diferencia del desaparecido líder del movimiento plancha, hasta ahora Manini no ha rectificado sus declaraciones. El video, combinado con las manifestaciones del Centro Militar que definen al gobierno del FA como una “asonada” y proponen “desterrar el marxismo”, generó una conmoción política que distorsionó el acto eleccionario y pareció legitimar la desmesurada y cuasi goebbeliana campaña del miedo instalada por algunos sectores del FA. Lamentablemente, y aunque Lacalle Pou, Talvi y Sanguinetti criticaron inicialmente las expresiones del ex general, solo uno de los miembros de la coalición, el Partido Independiente, las condenó formalmente como ameritaba la ocasión. Mientras tanto, nuestro presidente electo modificó inexplicablemente su opinión restándole importancia en una nota aparecida recientemente8. Nuevamente, el debe en el orden sustantivo sigue abriendo flancos en la política uruguaya. Es en esos vacíos que deja el discurso democrático en donde se fortalecen las posturas de ribetes fundamentalistas, siempre tendientes a codificar el silencio o la tibieza como tácita concesión.
Lo curioso, y no tanto, es que Manini, a pesar de las diferencias, podría tener ciertas afinidades generales con cierta parte del MPP, por ejemplo, en la idea de la patria grande, sino en los fundamentos últimos, en la mirada latinoamericanista. Se trata, efectivamente, de un admirador de Jorge Abelardo Ramos, renombrado trotskista argentino, además de alguien muy cercano al ex Ministro de Defensa y líder tupamaro, ya fallecido, Eleuterio Fernández Huidobro9. Entre ellos, además, existe la llamada solidaridad entre combatientes, tradición de diálogo construida asimétricamente entre los tupamaros y militares durante la prisión de los primeros y continuada en democracia entre otros, por Rosencof y Medina, unidos para realizar acciones sociales y defender la idea de que la solución a las desavenencias y la compensación por heridas del pasado debe, ante todo, resolverse entre los involucrados directos mientras la ciudadanía –los civiles- mira desde la tribuna. Se trata en definitiva, de ex colegas de armas, unos con las aristas militaristas relativamente pulidas pero latentes y el otro con las mismas recientemente guardadas pero, a juzgar por el video y por ciertas adhesiones radicales que concita, todavía vivas.
Abiertos las 24hs- La política uruguaya siempre fue formalmente de las más inclusivas de que se tenga conocimiento. Además de que los requisitos para formar un partido son en Uruguay muy poco exigentes, los partidos más importantes constituyen prácticamente un micromapa de las diversas tendencias políticas que presenta el país. No en vano, la historia del gobierno uruguayo es mayormente la historia de los pactos y co-gobiernos entre fracciones del partido vencedor y del perdedor. Es muy probable que lo mismo hubiera sucedido con los gobiernos del FA de no haber contado con mayorías parlamentarias, de hecho en muchos asuntos existen razonables coincidencias entre sectores de la coalición de izquierdas y sectores de los partidos tradicionales.
Es así, que la solución uruguaya al problema de la antipolítica siempre fueron los partidos abiertos y permeables. Mientras en otros países como Perú, la llamada tierra de los outsiders, era posible formar un partido pantalla pocos meses antes de las elecciones y ganarlas, en el Uruguay siempre hubo que hacer carrera política y ganarse lentamente la confianza de los ciudadanos. Hasta hoy, cuando a un nuevo movimiento político casi sin programa le fue posible obtener un 10% del electorado y una nada despreciable bancada, un récord preocupante para nuestros standars.
La otra pregunta– A la luz de los resultados, la verdadera pregunta que deberíamos hacernos es si podríamos hacerlo mejor, si la inclusión de sectores que desconfían y/o rechazan la actividad política en mayor o menor medida, no debería pensarse desde una concepción de aquella más rica, densa y sustantiva. Lo que parece estar quedando claro, a juzgar por los déficit en términos de reconversión democrática que supuso, por ejemplo, la incorporación del MLN en el FA, es que solo con la apertura formal y esa especie de pulido lento no alcanza. Tampoco contribuyen las provocaciones injustificadas estilo “carne con ojos” de Mujica, ni rehuir marcar distancias claras y contundentes. Se trata, sin condenas perpetuas, paternalismos ni mirar para el costado, de hacer política.
1Ver “En defensa de la política” Kriterios/Tusquets, Barcelona, 2001
2“Uno se encuentra con muchas personas para quienes la primera prueba de inteligencia que puede darles un recién llegado es su desprecio por la política, los políticos y el pensamiento político (en ocasiones incluso entre los aficionados al ‘“tema’). Le permitirán que trate de convencerles de un puñado de causas justas pero deberá dejar claro que la política es un obstáculo para su realización o deberá quejarse de que el intrusismo de la política impide la planificación racional de su industria privada o del ‘interés público (…) Atacan ciertos rasgos característicos –las concesiones, la conciliación, la incertidumbre y el conflicto-, su necesaria ambivalencia o tensión entre la salvaguarda de unos elementos y la creación de otros, y sus extraños movimientos entre el anonimato de la burocracia y la magnificación de la personalidad de los políticos. Para algunos, el político es un insulto permanente al idealismo personal porque en la práctica de su profesión tienen que considerar las profundas divergencias de valores como naturales y meras preferencias de opinión. Para otros, el político es un obstáculo para la eficiencia porque llega a acuerdos intermedios entre intereses particulares en lugar de diseñar planes gobales.” Idem, pp. 186
3El presidente de la Cámara había declarado en 2007 que los planchas no deberían circular libremente en un balneario de elite como Punta del Este. Valdez le contestó que Punta del Este no era un cuartel. https://www.montevideo.com.uy/Noticias/EL-MOVIMIENTO-PLANCHA-RESPONDE-A-BORSARI-uc51444
4Aquí el link a la histórica foto en un artículo muy posterior sobre otro tema https://www.elpais.com.uy/informacion/fraude-millonario-impacto-politico.html
5https://www.subrayado.com.uy/topolansky-insiste-que-quiere-unas-ffaa-frenteamplistas-n11860
6https://www.youtube.com/watch?v=zhMjH4VQrRY Los paréntesis y la cursiva son agregados del autor.
7https://www.elobservador.com.uy/nota/el-video-de-manini-rios-y-como-se-vincula-con-los-origenes-de-cabildo-abierto–20191225013
8“La verdad, para mi, el video no tiene ningún tipo de gravedad. Es un ex militar convertido en civil, que da su opinión política sobre lo que el gobierno o el Frente Amplio piensa y como se relaciona con las Fuerzas Armadas” https://www.elobservador.com.uy/nota/lacalle-pou-sobre-actitud-de-martinez-no-se-estuvo-a-la-altura-de-las-circunstancias–2019121185750
9https://www.busqueda.com.uy/nota/manini-el-general-elegido-por-los-tupamaros-se-convirtio-en-un-caudillo-con-respaldo-electoral